viernes, 24 de febrero de 2012

Poema por la risa muerta


A mí me encantan las risas enérgicas
De esas que en sus ondas sonoras
Pasean loros,  gatos ahogándose en sus gemidos
aves de largo cantar nasal
Me gustan las risas virulentas
que contagian mi boca  la boca de los demás

y voy hacia todos los puntos cardinales yo
en busca de risas que sí ríen
(quizás porque pretendo llenar mi boca,
atascarla de risas vivas que no son mías)
yo, que tengo la risa invertida
yo, que tengo una risa muerta
que está buscando cómo vivir

viernes, 3 de febrero de 2012

De la cabrona que pestañeó

… y ahí  están tus ojos
inertes   inmaculados
mortales

Eres una cabrona me repito
porque no sabes (nunca sabes)
que el tronco que guardan tus ojos
me golpetea  el alma sin descanso

Porque cierras tus ojos
y el mundo se apaga
la esperanza se apaga
la buena vida se apaga
          yo  me apago
y al abrirlos
alumbran tanto
que mi cuerpo se quema
mi alma se quema
mis ojos se queman
irremediablemente


   Luego tú pasas
 impetuosa brava magnífica
 sorda  dura  hija de perra

         No te das cuenta que pisas mis cenizas

La lluvia saluda (o Extrañezas temporales)


Está lloviendo agua bajo las manos de dios
y es una maravilla
Ya no hay campos fecales ni
hedores que aplasten los olfatos de nadie
porque está lloviendo agua bajo las manos de dios
y es una maravilla

Porque  en las esquinas de las casas
ya no hay espinas en qué caer
y salir corriendo a que  rocíe
el vómito de lo que se ha sido
y en cambio llueve agua bajo las manos de dios
Es una maravilla

Porque el fuego crepuscular de las ansiedades
es apenas una chispa inconsolable
y no hay eclipses que nublen la luz del sueño
ni manos que caigan de la boca del cielo
para romper cuello cardio y  alma

El agua cae  baña el cuerpo desgraciado y mancillado
 quita el tufo la sangre el fuego ansioso
el hollín de una paz que no se había limpiado
las espinas las manos los eclipses
y deja el campo límpido
libre para la paz que viene volando

Está lloviendo agua bajo las manos del dios incierto
y es una maravilla

porque  bajo sus manos
esas sulfúricas humeantes
severas vomitivas ineludibles
Siempre
           había 
                         estado 
                                        yo